domingo, 19 de mayo de 2013

ASÍ NO


           Colocó los cubiertos siguiendo un estricto protocolo. A la derecha la cuchara, la pala del pescado y el cuchillo de la carne con el filo hacia el plato. A la izquierda, los tenedores y, por supuesto, los cubiertos del postre frente al plato. El pan no fue cortado en trozos y colocados dentro de una cesta como se acostumbra a hacer en las casas vulgares, sino que cada comensal tenía su propio panecillo en un platito a la izquierda, justamente al mismo nivel que los vasos o las copas. Como cualquier buen anfitrión decidió la posición de sus invitados, situando pequeñas tarjetas en las que se indicaban sus nombres, apoyadas en uno de los vasos. Asimismo imprimió un menú para cada uno de los invitados que colocó al lado de la tarjetita. En él no sólo aparecía el nombre de cada plato, sino también una breve descripción del mismo.

LA ÚLTIMA DECISIÓN

      
       Corrió muy despacio las cortinas, haciendo el menor ruido posible. Aunque parecían ser bastante opacas, la tenue luz de la farola en la calle entraba por los pequeños huecos del tejido. Su mirada paciente y minuciosa recorrió el cuerpo de aquella mujer. Todo lo que vio le pareció hermoso, incitante y hasta obsceno. Sintió deseos de desnudarla para contemplar lo que la ropa ocultaba, pero el cansancio y, sobre todo, el desaliento se lo impidieron. Pensó que era mejor taparla con la manta de cuadros verdes y rojos que a ella tanto le gustaba.

CARTA A MI HIJA ADELA

        
           Hoy hace tres meses que me separé definitivamente de tu padre tras haber pasado la mitad de mis años junto a él. Nunca pensé que un final tan sosegado como el nuestro llegara a ser tan desagradable. El abogado antipático mirándome como si yo fuera la responsable de todos los males del mundo, incluidas sus hemorroides, tu hermana Mara con su eterno gesto de fastidio y tus uñas, tan largas, clavándose en mi brazo mientras repetías una y otra vez: “Esto lo vas a superar, mamá”. Cuando salimos a la calle, la vi. “¡Dios mío!”, pensé, “¿Cómo se puede ser tan alta, tan joven y tan guapa?” Y tú me clavaste aún más las uñas, mientras me implorabas “No la mires, mamá”. ¡Ay, mi Adelita! Tengo la extraña sensación de que eres tú la que no puedes superarlo.

VOLANDO EN EL METRO


          Bajó corriendo las escaleras mecánicas sintiendo el temblor de los peldaños. Su hombro izquierdo se inclinaba ligeramente por el peso de un enorme bolso que guardaba apuntes y dos enormes libros, uno para estudiar y, el mejor, para leer. Con la mano derecha sujetaba uno de los bordes de su largo abrigo negro para no pisarlo.

martes, 16 de octubre de 2012

PREFERIRÍA

Preferiría no haber conocido a mis suegros. Nunca me había sentido tan rechazada. Todo lo que otros consideraban virtudes, eran para ellos enormes defectos.
Preferiría no madrugar. No hay nada tan agradable como disfrutar del silencio de la noche y levantarse con los ruidos del día.

sábado, 23 de junio de 2012

AUTORRETRATO


No me gusto, pero me comprendo y, a veces, hasta me perdono.

Reflexiono siempre profunda e intensamente hasta que un impulso inesperado rompe todo lo previsto.
Hubiera preferido ser una chica mala, pero soy fiel hasta el hartazgo.

viernes, 25 de mayo de 2012

EL MOLINILLO DE CAFÉ

La hermana de Daniel me había dado las llaves del piso, aunque no estaba todavía vacío. Al entrar todos los recuerdos surgieron de repente. Le vi andando por aquel pasillo mostrándome las huellas de las humedades que el tejado había dejado en el techo. Oí sus acostumbradas frases corteses propias del hombre educado que él siempre intentaba mostrar y tan alejadas de ese otro que regresaba de madrugada, totalmente borracho, después de haber pasado varias horas en bares de maricas. Porque Daniel no tuvo suerte: había nacido en una familia muy tradicional y en un momento en el que la hombría estaba por encima de todo.